El 86% de las empresas extranjeras consultadas aumentó o mantuvo su inversión en España durante 2025. Para 2026, el 85% prevé aumentar o conservar su nivel inversor.
La estabilidad de estas expectativas muestra que España continúa siendo una base atractiva para operaciones internacionales. Sin embargo, la decisión de invertir depende de condiciones concretas y no únicamente del tamaño del mercado.
Mercado, infraestructura y posición europea
La pertenencia a la Unión Europea, las conexiones de transporte, la infraestructura digital y el acceso a consumidores forman parte de la propuesta española. También influyen la calidad de vida y la capacidad para atraer profesionales internacionales.
El talento se convierte en una limitación
Una empresa necesita perfiles técnicos, comerciales y directivos disponibles. La conexión entre universidades, formación profesional y compañías debe responder con mayor rapidez a sectores como energía, tecnología, industria y servicios avanzados.
La burocracia previsible también es una ventaja competitiva. El inversor necesita conocer plazos, obligaciones y costes antes de comprometer capital.
La oportunidad regional
La inversión no tiene por qué concentrarse exclusivamente en Madrid y Barcelona. Valencia, Málaga, Bilbao, Zaragoza, Alicante y otras ciudades pueden competir mediante especialización, costes razonables y ecosistemas profesionales.
España ganará más cuando la inversión extranjera genere proveedores locales, conocimiento, empleo cualificado y relaciones duraderas.